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Guion

"Las autoridades sanitarias advierten, este ya lo puse!"

por Berenguer Costa

Bueno, cuando la semana pasada me tocó el tema de relacionar salud y record Guinness pensé que lo tenía muy fácil: coger los record más peligrosos y hala, ¡p’alante! Sin embargo, he decidido intentar darle la vuelta al tema y por ello, lo que voy a hacer es intentar reconocer los méritos de personas que deberían constar en el librito y que no aparecen.
Para empezar me gustaría hablar de Fidel Castro: ¿que decir del mítico líder cubano y sus discursos de más de siete horas? Supongo que ya os imagináis por dónde van los tiros, ¿no? ¡Pues no! En vez de proponer a Castro como el orador que da los discursos más largos, me gustaría proponer cómo candidatos a los pobres cubanos que tienen que aguantar los “discursitos”. Lo que pasa que no tengo muy claras las categorías: si concederles un hueco por su enorme paciencia, o por lo contrario, contabilizarlos como la siesta más multitudinaria.
Otro caso, aunque en este caso se trate de alguien desconocido, es el de Rupert Screamalot, un australiano famoso por haber lanzado el grito más largo jamás emitido. Si queréis os lo pongo. FX CRIT
Mónica: Pero, oye, si apenas llega a los 5 segundos y además se nota un montón que está editado.
Bere: Hombre, ¿Qué queréis? ¡El gritito dura 5 horas 23 minutos! Os he puesto una versión reducida. El caso es que el señor Screamalot emitió tal alarido después que se cayese la tapa del piano que estaba tocando con los…testículos. Sí, de hecho el record lo tendría que haber ganado por interpretar íntegra la 9a sinfonía de Beethoven con sus partes nobles, pero desafortunadamente, el “incidente” empaño su actuación.
Gustavo: Oiga, por cierto, ¿saben ustedes que Florencio y yo también aparecemos en el libro Guinness?
Mónica: ¿Y en que categorías?
Gustavo: Pues mire, Florencio, aquí dónde le ve, lleva siete años sin abrir el grifo de la ducha.
Mónica: ¿¿Lleva siete años sin ducharse??
Gustavo: Bueno, más o menos… la verdad es que es un poco guarrete, sí, sí. Aunque él lo define como “reciclaje”. Lo que hizo hace siete años es llenar la bañera, dejar el tapón puesto y desde entonces se ducha con la misma agua.
Gustavo: Claro, y yo por mi parte…viendo el historial de Florencio, yo me he convertido en un auténtico experto en aguantar la respiración. Mire, si quiere le hago una demostración: voy a aguantar hasta que usted me avise señorita.
Mónica: Me parece bien, hoy vamos a batir un record en directo!
Gustavo: ¡Allá voy!(Inspirar)
Bere: En fin, volvamos con los ejemplos ilustres. Otro personaje que debería entrar por méritos propios en el libro Guinness de los records es el Príncipe Carlos de Inglaterra, y por tres motivos: por un lado las orejas de soplillo que gasta el hombre…con deciros que los tornados que cada año azotan el Atlántico no se deben a inclemencias meteorológicas sino a los giros rápidos de cabeza del “principito”. Otra candidatura seria por demostrar que el amor entre humanos y animales es posible…véase su relación con Camilla Parker-Bowles. En último lugar, yo le daría otro galardón por ser el príncipe más pringado de la historia de la humanidad. No sólo acaba de cumplir sesenta añazos, sino que además a su señora madre parece que aún le queda un poco para jubilarse.
Ahora me gustaría hablar de un Record Guinness que ya consta en el libro. Se trata del pobre Roy C. Sullivan, de Virginia. ¿Sabéis aquella estadística que dice que es más fácil que te caiga un rayo encima a que te toque la lotería? Pues el señor Sullivan es el claro ejemplo de ello: ¡7 calambrazos por rayo se ha llevado el pobre hombre! Eso sí, él cada año está ahí, comprando lotería de navidad, no fuese a ser que…
En último lugar, me gustaría añadir una mención específica para la cajera del Dia de debajo de mi casa. ¿Ya sabéis que les hacen un casting para elegir a las que tienen más mala leche, no? Pues bien, solo os diré que esta te dice el precio a gruñidos y te devuelve el cambio a base de collejas.
Bueno y hasta aquí mi sección de grandes ignorados por el libro Guinness de los Records.
DESPRÉS DE LA SECCIÓ DE’N BERE (O NOËL)
Bere: Por cierto Mónica…
Mónica: ¿Sí, qué pasa?
Bere: ¿No tienes la sensación de que se nos olvida algo?
Mónica: ¡Ahí va, es verdad! ¡¡Don Gustavo!! Está usted morado!! ¿¿Se encuentra bien??
Gustavo: (cogiendo aire). ¡Hòstia…hòstia! Collons que…me pensaba que me ahogaba, ¿eh? ¿Por cierto, me hace el boca a boca?