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Guion

"Meteorología y McNuggets policíacos"

por Pere Roura

Como la sección de esta semana trataba de meteorología he ido donde me ha llevado el viento: y en este caso me ha llevado a Irlanda. Curiosamente allí dominan el idioma del McNugget.

Pero es que por si no lo sabíais los McNugget provienen de las Aran Islands, también conocidas como las islas de las focas irlandesas. Bueno, hay irlandesas y hay focas, y aunque las focas sean de Irlanda no quiere decir que las irlandesas de allí sean focas… o sea, que son dos conceptos separados, focas e irlandesas… bueno, ya me entendéis…

A lo que íbamos, en el año 44, en plena Segunda Guerra Mundial, la guerra también se jugaba en la cocina. Se buscaban nuevos métodos de comida rápida para alimentar a las tropas en rápidas incursiones y también tenía gran utilidad este tipo de comida en las bases provisionales con gran cantidad de tropas. Tan importante era la comida rápida que se dice que el desembarco de Normandía no hubiera sido posible sin el McDonalds. Y es aquí donde entra otro elemento vital para nuestra historia: el señor McDonald.

McDonald era un empresario de origen irlandés, concretamente de Galway, ciudad cercana a las Aran Islands (allí donde hay focas, irlandesas y vacas, pero no todo es lo mismo). Es por eso que el señor McDonald ya había oído de pequeño historias sobre McNugget y sus recetas de comida rápida para payeses transhumantes.

Cuando McDonald empezó a colaborar con el ejército norteamericano, no tardó mucho en establecer contacto con la familia McNugget. Dada la situación mundial, McNugget cedió, y repito cuanto sea necesario: CEDIÓ sus recetas a McDonalds limitando esta cesión a la duración de la famosa guerra. Este paso fue muy importante para poder combatir a Hitler y sus amigos. Los nazis en aquel momento podían hacer rápidas incursiones, primero gracias a su bratwurst, y más tarde aún lo perfeccionaron hasta llegar a su famoso Frankfurt. Era algo que se tenía que evitar a toda costa y se tenía que equilibrar la balanza. Pero todo requiere su tiempo, y para a cesión de las recetas de McNugget se necesitó mucho papeleo legal con cláusulas, matices y condiciones que, por raro que parezca, los diferentes abogados consiguieron redactar en un tiempo récord. Una vez hecho esto los aliados se beneficiaron de las recetas de McDonald y McNugget y consiguieron aplastar a los nazis. Con los japoneses costó un poco más, tenemos que recordar que la gente del sol naciente disponía del temible sushi…

Pero estábamos con el tema del papeleo legal. Uno de los muchos papeles que se firmaron entre nuestros protagonistas fue la garantía de que McDonald y su empresa McDonalds no cocinarían recetas de McNugget una vez finalizada la guerra sin tener el consentimiento correspondiente o sin pagar toda una serie de compensaciones económicas por ello. El problema fue que “curiosamente” este papel, o sea, la garantía de compensación para McNugget, desapareció justo antes de terminar la guerra. Y hasta aquí os podéis preguntar: ¿Y qué tiene que ver esto con la meteorología?

Fácil, si sumamos el valor en código binario de las palabras McNugget y meteorología…, no, ¡es broma!

Quien hace que meteorología y McNuggets confluyan es el historiador y novelista irlandés Rauri O’Donnell. Este hombre noveló parte de toda esta historia en su famoso best-seller “The funest bit”, que traduciríamos como “El bocado funesto”.

En esta novela el autor nos habla de la importancia de la meteorología para entender cómo fue todo. Pero como no tenemos tiempo para que os lea 394 páginas del tirón, pues os voy a leer algún fragmento.

Lo que pasa es que antes he hablado con Santi, hola Santi R2D2 Sí, yo también. R2D2 Tranqui, que ahora se lo cuento. Bueno compañeros, lo que no os había dicho es que como se trataba de una lectura dramática yo había traído todo de efectos meteorológicos para que Santi los pusiera, pero por nosequé historia se han borrado. R2D2 Que siiiii, que es culpa del Windows, tranqui, que no te culpo a ti… R2D2 Buf, pues eso, que tendríais que hacer vosotros los efectos. Es fácil, si hablo del viento, uno hace viento. Si hablo de la lluvia, pues hacéis el sonido de la lluvia. Fácil. Pero para hacerlo más fácil todavía, y para que no os lieis, os repartiré los efectos: Noel harás todo lo que esté relacionado con el viento. A ver, ¿prueba? Bere, tu harás lo mismo con el agua, ¿a ver? Y Mónica con el resto. Haz algo, no sé, un día soleado…

Pues esto, cada vez que cite un fenómeno meteorológico vosotros lo hacéis, ¿ok? Once upon a time, o sea sobre las once o pon que las once y algo, pues claro, a esta hora brillaba el sol y hacía un día radiante… Eso no quitaba que la señora Spoonge hubiera decidido mover todos los muebles sobre mis oídos una vez más. Mantenía la esperanza de que quizá algún día su cuchitril se convertiría en un palacio encima de mis cuatro paredes de carcoma y algo de madera… Lo que parecía un bonito día, se convirtió primero en ventosidades atmosféricas, y luego una lluvia que no mojaba con la misma suavidad que mis labios el whisky del bar de Joe.

Aunque, ¡rayos! (¿quién hace los rayos? ¿venga?) Ah, no, que solo es una expresión del prota… ¡rayos! ¿Quién necesitaba sol cuando solo el Jack Daniels te comprende…?

Eso habría sido lo normal pero después del vendaval del día anterior… cualquier cosa podía pasar… Parecía que podía llover… era eso que miras al cielo y dices: lloverá… no lloverá… lloverá… no lloverá… al final llovió. Qué sorpresa.

Cogí los papeles de McNugget y McDonald y me dirigí a la aseguradora. Aquí me salto un trozo…

Era pelirroja y el viento levantaba suficientemente la falda como para ver el Arco Iris… Estaba perdida, y quiza yo también, porque en vez de ir a la aseguradora mi cerebro me llevó a casa de nuevo. Bien entrada la noche aquello se convirtió en un huracán, un maremoto o un tornado. No sé lo que fue exactamente, pero en mi cabeza solo había niebla y ella había desaparecido como el sol de medianoche y yo tenía trabajo que hacer. Recordé las noches de granizo, cuando se mezclaban el sol y el hielo, y decidí tomar un whisky on the rocks antes de acercarme a la aseguradora… Me salto otro trozo…

Súdenle los sobacos al Noel y como cantan…

Suddenly so back as no else come return

De golpe y porrazo, tan patrás que nada podía volver… ¡Vaya mierda de frase! Mejor estar parte me la salto… Por si no había suficiente con la niebla empezó a llover, y una bocanada de aire se llevó mi sombrero, el paraguas ya se lo había llevado la que me había amenizado el amanecer…

En un abrir y cerrar de ojos se levantó la niebla, sopló viento huracanado, y la madre de todas las tormentas apareció, y yo pensé en la madre que parió la madre, y me cubrí la cabeza. El problema fue que lo único que tenía para cubrirla eran los papeles de McNugget, pero más problema era que ya los tenía en la cabeza en forma de masa de papel… Viento, lluvia y sol… digo solo estaba yo allí…

Bueno como véis el libro cuenta alguna de las claves por las que se perdieron estos papeles y que relatan el porqué de la unión McNugget-McDonalds. Por lo que dicen ahora se han encontrado pruebas nuevas y por eso McNugget y McDonalds están negociando y en algunos momentos McNugget ha conseguido vetar la fabricación de sus recetas de McNuggets en los McDonalds, de ahí el problema con esa señora…

Lo chulo del caso es que investigando sobre el tema he descubierto la verdadera historia del “Big Mac”, pero eso si acaso os lo cuento otro día…