Home > Programas > En Riguroso Diferido #8 "El de la adicción al amor" > Guion "Famosos adictos al sexo e historia del beso"

Guion

"Famosos adictos al sexo e historia del beso"

por Mónica Günther

Conocidísimo el caso de Michael Douglas. A quien parece que ahora Catherine Zeta Jones le ayuda a apagar sus fuegos internos, pero no siempre ha sido así. En 1992 estuvo interno en la clínica Sierra Tucson de Arizona para rehabilitarse de su adicción al sexo. Y su ex mujer, Diandra Luker, a la que conoció en una fiesta, lo había encontrado en la cama de su propia casa con una amiga suya. No sé si adicto al sexo o un poco ligerillo de cascos.

David Duchovny (agente Mulder en Expediente X) es otro de los grandes adictos al sexo de Hollywood. Por cierto, tuvo un sonadísimo romance con Winona Ryder que no se si es adicta al sexo o no, pero a lo que es adicta es a los robos, es cleptómana.

Lindsay Lohan, la joven actriz y cantante, protagonista de Chicas Malas, es también adicta al sexo. Así lo narraba su ex novio Riley Giles:

“Definitivamente Lindsay es ninfómana. Es una salvaje en la cama. Teníamos sexo dos veces al día y por la noche otra vez. Una vez lo hicimos cuatro veces seguidas. Fue increíble. Lindsay era insaciable. Ella había usado a muchos chicos”.

Lo más fuerte es que Riley y Lindsay se conocieron en una clínica de rehabilitación de toxicómanos. La joven actriz cambió una adicción por otra: de las drogas al sexo.


En el otro extremo, en el de los puritanos, tenemos, por ejemplo al cantante Lenny Kravitz, quien asegura que lleva 3 años sin practicar sexo. ¿El motivo? Que quiere encontrar a la mujer de su vida y hasta que no lo haga no se irá a la cama con ninguna.

Y ya que he empezado hablando de Hollywood… qué bonitos son los besos de las películas ¿verdad?
¿Alguna vez os habéis preguntado de dónde vienen los besos?
Son numerosas las referencias históricas que tenemos a los besos y las clasificaciones que se han hecho:

El Kamasutra, por poner un ejemplo así al azar, describe 3 clases de besos: el nominal (los labios apenas se tocan), el palpitante (se mueve el labio inferior pero no el superior) y el beso de tocamiento (labios y lengua).

Pero no hace falta irnos a libros sobre sexo, ni más ni menos que La Biblia habla también de los besos. Concretamente del beso de la codicia (de Jacob a su padre Isaac) y del beso de la traición (el de Judas a Cristo).

Más curiosidades históricas sobre los besos las encontramos en la antigua Indochina Francesa, donde para asustar a sus hijos pequeños, las madres amenazaban a sus hijos con darle un beso de hombre blanco (es como aquello de “que viene el coco”… pero a la indochina).

Y sin irse hasta países tan exóticos, más cerquita, en Inglaterra, al llegar a casa de alguien, el visitante besaba al anfitrión, a su mujer, a todos sus hijos y hasta al mismo cachorro y al gato.
O en Escocia, el padre besaba en los labios a la novia al final de la ceremonia de boda. Se creía que la felicidad conyugal dependía de esa bendición en forma de beso. Después, en la fiesta, la novia debía circular entre los invitados y besar a todos los hombres, en la boca, que a cambio le daban algún dinero.

Pero a lo que íbamos ¿dónde está el origen de los besos? ¿En un romance? ¿En una bonita historia de amor a lo Romeo y Julieta? ¡Pues no! El origen de los besos en la boca es... ¡NUTRICIONAL! La mujer de Cromagnon alimentaba a sus hijos masticando la comida hasta hacerla puré que luego pasaba de su boca a la de su pequeño.